Nuestra Historia
Siete décadas impulsando la música en la Argentina
En marzo de 1952, un grupo integrado por los maestros Mariano Drago y Erwin Leuchter, el musicólogo y crítico Jorge D’Urbano, el compositor y musicólogo Juan Pedro Franze, el violinista Carlos Pessina y el compositor Carlos Suffern presentó ante el Mozarteum de Salzburgo el proyecto de fundación del Mozarteum Argentino.
El objetivo inicial era impulsar conciertos de música de cámara, orquestal y coral dedicados especialmente a difundir la obra de Wolfgang Amadeus Mozart, con particular interés en composiciones poco conocidas o aún no estrenadas en la Argentina. A esa misión artística se sumaba también el estudio y la divulgación de su obra a través de conferencias, programas radiales, ediciones de partituras y trabajos de investigación desarrollados en el país.
En una época marcada por el crecimiento de las agrupaciones de música de cámara, las primeras cuatro temporadas del Mozarteum Argentino tuvieron lugar en las casas de sus propios integrantes. Hogares como el de Jeannette Arata de Erize comenzaron a abrir sus puertas a músicos y a un público cada vez más numeroso, dando forma a encuentros donde la música encontraba un espacio de cercanía, intercambio y escucha compartida.
Fue también en esos años cuando Jeannette Arata de Erize aceptó la propuesta de asumir la presidencia de la institución, iniciando un compromiso que marcaría profundamente la historia del Mozarteum Argentino y acompañando su crecimiento durante décadas con una dedicación excepcional.
Los conciertos pronto comenzaron a convocar a un público entusiasta que colmaba salones y jardines, como los de la bailarina y escultora Carina Ari de Molzer, una colaboradora fundamental que reunió alrededor de estos encuentros a destacadas figuras de la cultura nacional.
El creciente interés por aquellas veladas impulsó un paso decisivo en 1956, cuando el Mozarteum Argentino trasladó sus conciertos al ámbito público con el deseo de acercar la música a una comunidad cada vez más amplia y continuar formando nuevos públicos alrededor de la experiencia musical.
Los museos de Buenos Aires se transformaron entonces en escenarios naturales para esta nueva etapa. Espacios como el Museo Nacional de Arte Decorativo, el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco y el Museo Nacional de Bellas Artes ofrecieron un entorno donde la música dialogaba con las artes plásticas y decorativas, generando experiencias culturales profundamente significativas para el público.
Por esos escenarios pasaron artistas nacionales e internacionales de enorme relevancia, entre ellos Friedrich Gulda, Linda Rautenstrauch, Henryk Szeryng, Carlos Pessina, el Quinteto Chigiano, Ljerko Spiller y Peter Lukas Graf. Junto a las obras de Mozart, que continuaban ocupando un lugar central en los programas, comenzaron también a interpretarse composiciones de distintos autores fundamentales de la historia de la música, incluyendo a compositores argentinos.
A partir de 1962, el Teatro Colón comenzó a formar parte de las sedes de los conciertos de abono del Mozarteum. Con el paso del tiempo, se convirtió en el escenario principal de su Temporada Anual, que reunió a algunas de las orquestas, los directores, los solistas y las compañías de danza más importantes del mundo.
Paralelamente, el Mozarteum amplió su misión mediante iniciativas destinadas a acercar la música a públicos cada vez más diversos. Los Conciertos del Mediodía, de entrada libre y gratuita, los programas de becas y perfeccionamiento para jóvenes artistas, las actividades destinadas a estudiantes y la creación de filiales en distintas provincias extendieron su labor cultural a todo el país.
Bajo el liderazgo de Jeannette Arata de Erize, el Mozarteum Argentino se transformó en una de las instituciones culturales más importantes del país y alcanzó un amplio reconocimiento internacional. Su trabajo hizo posible la llegada a la Argentina de grandes artistas y conjuntos, al tiempo que abrió nuevas oportunidades para músicos argentinos y acercó la experiencia de la música a generaciones de espectadores.
Con el paso de los años y gracias al acompañamiento constante del público, la institución consolidó una trayectoria sostenida por el compromiso con la excelencia artística, la difusión cultural y la creación de espacios de encuentro a través de la música.
A más de siete décadas de su fundación, el Mozarteum Argentino continúa renovando ese compromiso original y trabajando para acercar la música a nuevas generaciones, convencido de que la experiencia artística sigue siendo una forma invaluable de encuentro, sensibilidad y construcción cultural compartida.
A más de siete décadas de su fundación, el Mozarteum Argentino continúa renovando ese compromiso original y trabajando para acercar la música a nuevas generaciones, convencido de que la experiencia artística sigue siendo una forma invaluable de encuentro, sensibilidad y construcción cultural compartida.
Conocé las presentaciones del Mozarteum Argentino a lo largo de nuestra historia
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