UN ORGANISMO CABAL
Por Jorge Aráoz Badí | Para LA NACION
Sábado 15 de septiembre de 2012 | Publicado en edición impresa
Orquesta de Cámara de Israel. Director : Yoav Talmi. / Solista : Alon Goldstein, piano. / Programa : Yoav Talmi: Elegía, para cuerdas, timbales y acordeón "Reflexiones sobre Dachau"; Beethoven: Concierto Nº 2 Op 19 para piano y orquesta; Mendelssohn: Sinfonía Nº 4 Op90 "Italiana". / Producción : Mozarteum Argentino. / Sala : Teatro Colón. /
Nuestra opinión: excelente
El mensaje más evidente de Elegía, la obra con que el lunes comenzó en el Colón el concierto de la Orquesta de Cámara de Israel para el Mozarteum, es la serenidad, un estado de ánimo nada fácil de comunicar musicalmente. Como su título completo ("Reflexiones sobre Dachau") alude a uno de los más estremecedores horrores contemporáneos de que fue capaz el ser humano, parece comprensible que al intentar expresar un hecho tan tremendo, los artistas se salgan de escala y pierdan el equilibrio emocional. Esto no sucede (ni siquiera se sospecha) a lo largo de los quince minutos de la obra de Yoav Talmi, que desarrolla su reflexión, sin incurrir en un sólo efectismo ni golpes bajos, con el único efecto dramático de un variado y casi constante golpeteo del timbal, mientras la substancia musical se disuelve en busca del silencio con que termina el relato, tal como empezó. La imagen así lograda tiene reveladora conmoción. En el texto del programa de mano, Talmi dice que incluyó materiales prestados de una canción judía del Ghetto, de los Kindertotenlieder de Mahler y la Sarabanda en do de Bach, a los que habría que agregar el Concierto para orquesta de Bartok, por ciertas alusiones instrumentales. Pero la obra impresiona por su transparencia constructiva, su profunda carga emocional y su trascendente honestidad expresiva.

Yoav Talmi, protagonista de un excelente concierto.
Foto LA NACION Mauro Alfieri
En la versión del Segundo Concierto de Beethoven, actuó el joven pianista israelí Alon Goldstein, que produjo una interpretación estilísticamente precisa, gracias a su articulación irreprochable y su notable capacidad para lograr refinamiento e iluminación. Tal vez, en esta obra, el oyente podría desear un poco menos de intimidad sonora y un poco más de potencia para agrandar su sonido y adaptarlo a una sala como el Colón. Esto, en lo que se refiere a Beethoven, porque en uno de sus dos bises, Ginastera sonó con notable vigor, mientras en el otro, su brevísimo Chopin fue impecable.
El concierto concluyó con la Cuarta Sinfonía, Italiana, de Felix Mendelssohn, una obra que se resiste noblemente a la obviedad. Debe ser un gran placer para un director de orquesta poder seguir con sus manos o su batuta el admirable dibujo de esta composición, cuyo diseño es el modelo de lo que puede rendir la herencia clásica en un romántico de ley. La flexibilidad y fluidez con que Yoav Talmi desplegó esta sinfonía puede dar buena a cuenta de ello. Los 34 instrumentistas de la orquesta muestran el ajuste entre sí, la cohesión y el pulso que les permite lograr una irreprochable claridad en la articulación del fraseo. Traducido a un lenguaje no musical, significa que todo lo que se dice, se escucha de manera cabal. Absolutamente todo. Eso es un mérito, pero también un riesgo. La Orquesta de Cámara de Israel sorteó cualquier tipo de riesgo, con innegable éxito.