CONCIERTO CON DESAFIOS
Por Juan Carlos Montero | LA NACION
Lunes 08 de octubre de 2012 | Publicado en edición impresa
Sol Gabetta (violonchelo) y Bertrand Chamayou (piano). Programa: obras de Debussy, Franck, Shostakovich y Piazzolla. Organiza: Mozarteum Argentino. Sala: Teatro Colón.
Nuestra opinión: muy buena
Generó lógico interés, la posibilidad de escuchar a la joven cordobesa Sol Gabetta, que se encuentra desarrollando una valiosa carrera artística y docente -desde hace pocos años dicta clases en la Academia de Música de Basilea-, en razón de haber merecido distinciones destacadas y figurando, además, entre los músicos incluidos en las listas de artistas vinculados a sellos discográficos del mercado mundial. Productos que permiten atesorar recuerdos, pero que, para algunos melómanos, podrían no lograr la misma fascinación que implica escuchar música con la presencia viva del artista y de los oyentes, en los instantes de la duración y percepción del sonido; ahí, cuando el arte de la música se hace realidad en su efímero tiempo.

Sol Gabetta toca junto a su amigo, el pianista Bertrand Chamayou.
Foto LA NACION Santiago Filipuzzi
El programa se inició con la Sonata N° 1 de Claude Debussy, obra compleja sin duda para lograr un equilibrio entre ambas sonoridades instrumentales, y que debiera constituir necesariamente un objetivo de ambos integrantes. Meta muy difícil de alcanzar, en especial para el piano, en razón de la riqueza armónica de su sonoridad que acaso debió ser atenuada -en este caso por el pianista- a niveles mucho menores de intensidad. Sin embargo este detalle no restó valor a la posibilidad de apreciar una composición poco frecuentada en las salas de conciertos, y que, además, es otra de las obras de músicos atraídos por el colorido de las atmósferas de España, a la que parece evocarse en algunos pasajes cadenciosos y poéticos.
Luego fue el turno de una joya de la música de cámara de César Franck, como lo es su Sonata para violín y piano, que aquí se escuchó con la variante de violonchelo, detalle nada menor que, a nuestro juicio, acaso haya sido una de las razones por las que la obra maestra del compositor no alcanzara a lucir con claridad todas aquellas novedades aportadas por el creador en su avanzado lenguaje armónico para su tiempo, durante el siglo XIX.
Iniciando la segunda parte, Sol Gabetta y Bertrand Chamayou ofrecieron la Sonata op. 40 de Dmitri Shostakovich, obra que fuera revisada varias veces, hasta el tiempo de una edición de 1982 en la que se incluyeron numerosas alteraciones de la partitura en cuatro partes, con un final que pareciera ser una meditación profunda del autor. La obra fue encarada por ambos intérpretes con muy buena predisposición desde el punto de vista técnico y de sonoridad, que a nuestro criterio debió ser más contrastante en intensidades y climas. No obstante quedó demostrada la excelencia de la violonchelista, quien exhibe una técnica de arco de primer orden y una noble búsqueda de intencionalidad expresiva en el fraseo musical, sustentado por el cálido sonido de su chelo, fabricado por Giovanni Battista Guadagnini en 1759 y que fuera facilitado por la Rahn Culture Fund, según el programa de mano.
Como cierre, se escuchó Le Grand Tango, de Astor Piazzolla con el que los interpretes demostraron conocer perfectamente el característico lenguaje rítmico y cadencioso que caracteriza al autor, en una entrega bien lograda por ambos músicos, quienes al finalizar recibieron un generalizado aplauso, motivo por el cual agregaron con gentileza una obra de Ernesto Block; la famosa Pampeana de Alberto Ginastera, y, nuevamente, otro tema de Piazzolla, acaso un exceso para quienes consideran que existen otras páginas valiosas de autores nacionales que merecen salir del olvido.
Después de lo ofrecido, el público, con muy buen criterio, no exigió más a los dos protagonistas de la noche.