NOTICIAS NACIONALES E INTERNACIONALES
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WEST-EASTERN DIVAN Y DANIEL BARENBOIM, algunas imágenes de los ensayos que tuvieron lugar en el Teatro Colón
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Concierto con dos versiones excepcionales de Beethoven
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La tercera sesión que dirige Barenboim
Lunes 23 de agosto de 2010

Daniel Barenboim al frente de la orquesta Western Eastern Divan
Foto: Maxie Amena
Por Héctor Coda
Para LA NACION
Tercer concierto del ciclo de sinfonías de Ludwig van Beethoven . Por la Orquesta West-Eastern Divan, con la dirección de Daniel Barenboim, organizado por el Mozarteum Argentino. Programa: Sinfonía Nº 6 en Fa mayor Op.68 ("Pastoral") y Sinfonía Nº 5 en Do menor, Op. 67. En el Teatro Colón.
Nuestra opinión: excelente
La tercera sesión de la serie completa de sinfonías beethovenianas, cometido principal de la visita que realiza a Buenos Aires el director Daniel Barenboim al frente de la Orquesta West-Eastern Divan, constituye una nueva muestra concluyente de su labor altamente calificada en el terreno de la dirección y la interpretación de obras del genio de Bonn.
En las audiciones anteriores, se pudo advertir la fervorosa e inequívoca entrega de cada uno de los músicos de esta orquesta, su natural y espontánea disponibilidad y empatía con cada partitura que abordan. Pero, quizás, haya sido en la versión de la Sexta sinfonía ("Pastoral"), ofrecida en primer término, donde se pudo apreciar más claramente el grado de expresividad que el conductor imprimió a la sustancia musical de la obra, cuyo autor reverenciaba a la naturaleza sin que ello despertara en su mente imágenes pictóricas o descriptivas, sino, antes bien, un estado anímico ("Más bien expresión de un sentimiento que pintura").
Siguiendo las indicaciones sobre el carácter de cada uno de sus cinco movimientos -que el propio Beethoven sugirió y se señalaron en el programa de mano- fueron objeto de una interpretación que tradujo fielmente la indicación de su creador y pudo hallar eco en la propia imaginación del oyente. Gracias al sabio e impecable manejo que posee de las intensidades dinámicas -y que exhibió en todo el concierto-, Barenboim combinó el crescendo beethoveniano, en el Allegro ma non troppo inicial, por ejemplo, con un suave y agradable decrescendo , generando la sensación de paz contemplativa que Beethoven buscó en la campiña y que no pocas veces lo condujo a identificar la belleza que la naturaleza le brindaba con la sublimidad.
La maestría expresiva de Barenboim puso a prueba en éste y los sucesivos movimientos de la obra un rendimiento a fondo de todos y cada uno de los atriles que componen la juvenil orquesta. Particularmente efectivo resultó el cuarto movimiento, Allegro ("Tormenta, temporal"), que fue traducido de manera magistral.
Energía y pujanza
No menor fue la exhaustiva versión que ofreció de la siguiente obra: la Sinfonía Nº 5 Op. 67 , merecedora de un registro grabado en concierto. Fue un noble y significativo testimonio de la monumental construcción sinfónica beethoveniana, un valioso trabajo de elaboración y desarrollo de los motivos que la obra contiene, vertidos con energía y pujanza dignas del autor y de este famoso e insuperable testimonio sinfónico. La ovación a Barenboim no se hizo esperar.
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Barenboim, en otra espléndida sesión sinfónica
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Sábado 21 de agosto de 2010
El director y su Orquesta West-Eastern Divan volvieron a deslumbrar con la tercera y cuarta sinfonías de Beethoven, en una fiesta que continua durante el fin de semana.
Sábado 21 de agosto de 2010

El concierto fue el brillante fruto de la batuta y las concepciones interpretativas de Daniel Barenboim
Foto: Soledad Aznarez
Segundo concierto de la West-Eastern Divan Orchestra. Con la dirección de Daniel Barenboim, organizado por el Mozarteum Argentino. Programa: Sinfonía Nº 4 en Si bemol mayor, op. 60, y Sinfonía Nº 3 en Mi bemol mayor, op. 55, de Beethoven. En el Teatro Colón . Nuestra opinión: excelente
Las dos expresiones del genio beethoveniano que llevó a cabo la Orquesta West-Eastern Divan con tanto fervor y entusiasmo por parte de los jóvenes músicos que la forman, al integrarse no sólo en cuanto músicos sino, principalmente, como seres humanos, quizás alcance a explicar el grado de identificación que han logrado en el terreno de la interpretación musical.
La Orquesta West-Eastern Divan es una realidad viva y palpitante, un organismo que como tal no responde tan sólo como resultado de un excelente nivel profesional o por una rigurosa disciplina de conjunto. Ello se desprende no solamente de las esclarecedoras razones que su propio director Barenboim ha expuesto ya y que constituyen, en verdad, las motivaciones históricas que gestaron en más de un sentido la creación de esta orquesta ejemplar. Al oyente le bastará para comprobarlo la escucha atenta; nada más. La experiencia será altamente gratificante: casi de inmediato advertirá el admirable grado de calidad y fluidez sonora de cuanto emana de sus instrumentos, el inusual grado de cohesión que encierra la música que interpretan, su natural lógica interna que supera con creces toda inteligibilidad acerca de su "contenido".
Sin duda, ello obedece, en gran medida, al admirable grado de comprensión que la juventud y el talento de sus integrantes ha puesto en la labor asumida y en el hecho de compartir la experiencia humana antedicha, gracias a la música, tan integradora. Pero, a no dudar, el resultado es sin duda un hecho real de la cultura objetiva, y en grado no menor ello se debe a los rápidos reflejos de los músicos, a los designios de la batuta y a las concepciones interpretativas de Daniel Barenboim.
Por su mismo carácter optimista y jovial, la Sinfonía Nº 4 ofrecida en primer término resultó una versión palpitante, plena de frescura y brillo inusitado. Transpuesto el Adagio inicial y el pianissimo de las cuerdas, la cálida homogeneidad sonora de la orquesta estalló a pleno con la viva expresión del Allegro vivace , vigor y pujanza rítmica puestos al servicio del mensaje beethoveniano, con perfecto ajuste y claridad expositiva en los temas, justa elección de los tempi , y un fraseo realizado con gran propiedad en los matices expresivos. Resultó admirable la calidad del crescendo beethoveniano. Natural y serena fluidez ofreció el contraste dinámico y emocional del Adagio , con la calidad sonora de los violines, la pureza sonora del clarinete y las maderas, así como también la blandura sonora de las trompas, clima tan sólo alterado por la irrrupción de los tutti orquestales. Los dos movimientos finales tradujeron la exaltación ( Allegro vivace ) y el gozo espiritual ( Allegro ma non troppo ) aflorando patentemente la inspiración beethoveniana.
La relevante versión que ofrecería a Orquesta West-Eastern Divan de la Sinfonía Nº 3 en Mi bemol mayor, op. 55 "Heroica" en la segunda parte del programa evidenció cabalmente el salto cualitativo que esta obra representa no sólo en la producción de Beethoven, sino en toda la historia de la música. Por ello su comentario excedería la dimensión de la presente referencia. Ello no obstente, Barenboim condujo la obra con cabal comprensión de su sentido ético y humano. Su traducción alcanzó la dimensión real del mensaje trascendente y empleó a fondo todo el potencial que la Orquesta West-Eastern Divan posee mereciendo por ello la entusiasta aclamación que le tributó el público.
Héctor Coda
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Perfección al mínimo detalle
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20/08/10
Crítica. Primera noche De Barenboim y su West-Eastern Divan en el Colón.
Por Federico Monjeau
Para CLARÍN

MAGISTRAL Y PATERNAL EL DIRECTOR SALUDÓ A CADA UNO DE SUS MÚSICOS AL FINAL.
Daniel Barenboim ha señalado enfáticamente que su Orquesta de West-Eastern Divan no es un proyecto político. Cuesta creerlo, pero de todas maneras está claro que más allá del inevitable contenido político que tiene hoy en el mundo una orquesta árabe israelí, la apuesta de Barenboim es eminentemente musical. Es increíble el nivel artístico que esta orquesta ha alcanzado al cabo de diez años; sobre todo si se piensa, como señaló Barenboim en la conferencia de prensa del martes, que cuando se formó en 1999 el 60 % de los integrantes nunca había tocado en una orquesta y el 40% no había siquiera oído una orquesta en su vida.
La West-Eastern suena como una orquesta europea de primer nivel, aunque habría que agregar que la calidad y la homogeneidad de la cuerda supera la de muchas agrupaciones largamente establecidas. Los músicos ya habían impresionado aquí en 2005 con Mozart y Mahler, pero lo que se escuchó el miércoles en el Colón con su primer programa del ciclo Beethoven fue todavía más perfecto.
Empezando por la Obertura Leonora N° 3 , que Barenboim interpretó como una pieza maestra del suspenso, como si en efecto estuviesen en el aire las alternativas dramáticas de la ópera Fidelio , desde la brumosa introducción, que Barenboim hizo en un murmullo o en una tensión silenciosa nunca oída (la mayor puesta a prueba de la fabulosa acústica del Colón desde su reapertura y de la cámara acústica recientemente inaugurada) hasta la liberadora trompeta que llega de fuera del escenario.
La obertura que Beethoven imaginó para su ópera Fidelio (en verdad, imaginó cuatro), funcionó en este caso como la obertura a la integral sinfónica. De nuevo, Barenboim nos sumerge en el universo de Beethoven. En el 2002 fueron las 32 sonatas, ahora son las nueve sinfonías, en orden cronológico. Después de Leonora , las sinfonías 1 y 2 se oyeron con el orgánico levemente reducido. Como se sabe, Barenboim está muy lejos de los dictados historicistas, a pesar de lo cual logra algo muy moderno y, cuando quiere, muy liviano, siempre perfectamente articulado y detallado.
Los detalles de sonido son también, desde luego, detalles de fraseo y puntuación: comas, punto y coma, dos puntos y, muy especialmente, puntos suspensivos. Barenboim se toma significativas pausas, no sólo en la psicológica obertura de la ópera, sino también en las sinfonías clasicistas. Al escuchar su ejecución de las sinfonías se termina de entender esa idea, que sonó tan provocativa entre los estudiantes del Falla cuando el maestro la introdujo en medio de una charla memorable en 2002: “El tiempo no se escucha”, declaró para sorpresa general. Lo que quería decir era que el tiempo es lo que duran los hechos musicales.
Podría tomarse el ejemplo del momento más genuinamente beethoveniano de la primera sinfonía, ese maravilloso tercer movimiento que se anuncia como el cortesano menuetto pero que es ya un scherzo resueltamente burgués. Es extraordinaria la energía que destila Barenboim en ese movimiento y es tan convincente la forma de tomar el trío central. La partitura no especifica cambios de tempo. Los directores de la nueva escuela tienden a continuar literalmente con la marcha del menuetto-scherzo; los de la vieja escuela tendían a establecer una detención y un contraste muy enfáticos. Barenboim hace una disminución muy leve pero exacta. No piensa en el tiempo, sino en cómo destacar adecuadamente el nuevo episodio lírico. Pero sus sutilezas no servirían de nada si no tuviese esos maravillosos músicos enfrente; no sólo la cuerda sino también las maderas, en particular flauta solista y oboe.
El concierto fue una conmoción desde la entrada misma de la orquesta. Desde luego, siempre a Barenboim se le tributa el mayor de los afectos, pero esta vez todo parecía duplicado ya que se trataba de la reapertura del Colón, para la cual el maestro puso también su grano de arena con aquella inolvidable diatriba del Luna Park en 2008. Después de la segunda sinfonía no hubo bises, y el maestro saludó uno por uno a los 100 músicos, como un padre afectuoso que bendice a cada uno de los suyos al terminar la jornada.
LA FICHA
Orquesta del West-Eastern Divan
Director Daniel Barenboim
Programa Obertura Leonora N° 3 y Sinfonías 1 y 2 de Beethoven
Sala Teatro Colon, miércoles (Mozarteum)
Excelente
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Nelson Göerner y un concierto maravilloso
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Recital de Nelson Goerner (piano) . Programa: Polonesa Op. 44; Nocturno en Si mayor Op. 62 Nº 1; Berceuse Op. 57, y Sonata para piano Nº 2 Op. 35, de Chopin; Estudios sinfónicos Op. 13, de Schumann. Mozarteum Argentino. Teatro Colón.
Nuestra opinión: excelente
El nombre de Nelson Goerner y su historia pudieron más que el frío polar que reinaba en la ciudad. Y la vista del Colón colmado dio la pauta de que nadie se equivocó en sus cálculos, ya que, como era de prever, el recital que ofreció anteanoche para el Mozarteum fue absolutamente maravilloso. En sintonía con el bicentenario de los nacimientos de Chopin y de Schumann, a cada uno le dedicó una parte del concierto. En la primera, haciendo gala de una variedad interpretativa admirable, ofreció cuatro obras muy disímiles de Chopin. En la segunda, con una consistencia deslumbrante, abordó la ciclópea tarea de tocar los Estudios sinfónicos , de Schumann.
Chopin fue un compositor revolucionario, de infinitas potencialidades y alcances. En una sucesión muy bien escogida, Goerner presentó cuatro obras que pueden conformar un retrato de las muchas perspectivas de Chopin. Pero además, y en esto estriba su aporte individual, Nelson encaró cada una de esas obras con una lectura pertinente, convincente y apropiada. La Polonesa en Fa sostenido menor no fue espectacular, sino que fue leída con solidez y poesía. Para cada una de sus tres secciones, Goerner acudió a diferentes toques y diferentes enfoques. Para el Nocturno en Si mayor (que no era el que estaba consignado en el programa de mano), sin jamás dejar de cantar, se abocó a resaltar, con naturalidad, las exquisitas y sorprendentes armonías con las que Chopin alteró cualquier supuesto. En la Berceuse , con balanceos sostenidos, Nelson arrulló al público y lo envolvió con cantos de factura exquisita. Por último, con la Sonata Nº 2 sacó a relucir todas las tragedias y todos los encantos. Puestos a elegir uno sólo de todos los momentos, habría que enmarcar y poner en el museo la segunda sección de la "Marcha fúnebre", un pasaje nocturnal tocado con la mayor delicadeza. En síntesis, Goerner dictó una verdadera clase magistral de interpretación chopiniana, contemplando, con rigor, los contenidos y perfiles de cada obra, y evadiendo el lugar común de interpretar a Chopin siempre con una única y acotada vara.
Schumann también
En la segunda parte, sólido y seguro, Goerner se abocó a pasear toda su sapiencia y sus convicciones por los Estudios sinfónicos , una obra de una construcción compleja que va mucho más allá de la técnica de las variaciones. En efecto, Schumann trató de otorgar a cada una de ellas, una textura y una vestimenta de imaginaria orquestación que requiere del pianista distintos toques y búsquedas sonoras. Atento e imaginativo, Nelson entregó un verdadero muestrario de sonoridades. Si bien los estruendos y las urgencias aparecieron donde eran necesarios, si de escoger un momento sublime el asunto se tratare, habría que rescatar para el recuerdo a la cuarta de las variaciones póstumas, expresiva, íntima y conmovedora.
Después de los muchísimos aplausos, Goerner regaló, término absolutamente pertinente, el Preludio O p. 32 Nº 5, de Rachmaninov, y, como un tornado arrasador, el Estudio en Do sostenido menor O p. 10 Nº 4, de Chopin. Con la emoción en el alma, volver al intenso frío polar de Buenos Aires fue más tolerable.
Pablo Kohan
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Alto voltaje emocional
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Crítica Nelson Goerner
El martes, el pianista argentino volvió a brillar en el teatro Colón.
Por Sandra de la Fuente, Especial para Clarín
Con un concierto de altísimo voltaje emocional, el pianista sampedrino radicado en Suiza, Nelson Goerner, celebró el bicentenario de los nacimientos de Chopin y Schumann, en el Colón, dentro del ciclo del Mozarteum.
No son tantas las veces en que el hábito de no aplaudir entre los movimientos de cada obra es algo más que una simple convención. En el concierto que dio Goerner el martes, la desvitalizada convención se volvió necesidad. Porque Goerner es un pianista de enorme concentración que carga de contenido dramático lo que en otras versiones es simple juego de imitaciones y contrastes sonoros. En su pensamiento, no hay ritmo, cambio dinámico o de tempo puramente decorativo. El intenso ritmo punteado del primer movimiento de la Sonata nº 2 de Chopin, se vuelve, en sus manos, un angustioso reclamo. Y el remanso lírico que le sigue, honda melancolía, cantada con una bella y triste media voz.
Ese inquietante inicio pide una inmediata reparación o al menos un desvío del ánimo; la continuidad hacia el scherzo se vuelve imperiosa. Sin embargo, en la versión de Goerner, el scherzo retiene esa atmósfera triste. En el trío, sus dedos no pulsan las teclas, apenas las rozan: con delicados y precisos movimientos murmuran un canto espectral que cobrará densidad más tarde, en los lentos y resignados acordes de la Marcha fúnebre . El mismo mágico e inarticulado roce sobre las teclas con el que consigue levantar ese remolino de notas, en la evanescencia final.
Ningún sonido parece pertinente después de esa exhalación y es necesario decir que, al menos, tan inconveniente como los aplausos entre movimientos, sonó el de algún ansioso conocedor al final.
En la segunda parte, los Estudios Sinfónicos de Schumann sonaron en un viril impulso, con la más amplia gama de toques y dinámicas que pueda imaginarse, y un conmovedor clímax en la cuarta de las variaciones póstumas. El demandante programa había comenzado con la Polonesa en fa sostenido menor , un Nocturno en si mayor y la delicadísima Berceuse . Los aplausos fueron generosamente retribuidos con un preludio de Rachmaninov y la exigente Toccata de Schumann.
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Danza pura que llegó de Suecia
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El Ballet Stockholm 59° North ofreció un exquisito programa contemporáneo en el Coliseo
La Nación - Domingo 4 de julio de 2010

El dúo infantil Pulcinella and Pimpinella, con el que la compañía sueca abrió el programa
Foto: Soledad Aznarez
Stockholm 59° North . Programa: Pulcinella and Pimpinella, con coreografía de Birgit Cullberg y música de Igor Stravinsky; Pas de danse, de Mats Ek y Benny Anderson; Apartment, de Mats Ek y Fläskkvartetten; Cantus in Memory of the Dancing Queen, de Giovanni Bucchieri y J. S. Bach; y Tactile Affinity, de Pontus Lidberg, y David Lang y Philip Glass, coreografía y música, respectivamente. Presentado por el Mozarteum Argentino en el Teatro Coliseo.
Nuestra opinión : muy buena
Una docena de solistas del clásico Ballet Real Sueco, agrupados hace algo más que una década como Stockholm 59° North para llevar, principalmente, la nueva danza contemporánea nórdica hasta nuevos públicos, trajo a Buenos Aires un puñado de obras cortas y fragmentos que componen su programa de giras. Llegaron con sus valijas y una puerta, para presentar cinco modestos pero cuidados montajes que en el escenario del Coliseo dejaron todo el lucimiento a merced de los cuerpos en movimiento.
Con el infantil dúo Pulcinella and Pimpinella , en puntas y frente a un tendedero de ropa, en la apertura del espectáculo se planteó una primera posición-tributo a la legendaria Birgit Cullberg: ya fallecida (Estocolmo, 1999), fue creadora del Cullberg Ballet del que en los años 80 tomaría las riendas su hijo. A propósito de éste, el gran Mats Ek, las siguientes dos piezas tendieron un puente para el reencuentro entre los porteños y este genial coreógrafo (se dio una moderna Giselle suya en el San Martín, en 1988), renovador del arte del movimiento de las últimas décadas del siglo XX, muy solicitado y aclamado aun hoy en el mundo. De él, entonces, primero se pudo ver en pies descalzos el cuarteto Pas de danse , creado en 2004 especialmente para cuatro bailarines de grandes condiciones de este elenco; una obra abstracta y con detalles de humor (sendas señas personales de Ek) ligados a un pañuelo blanco, sobre un festivo paisaje folk-pop de esas lejanas tierras compuesto por un ABBA: Benny Andersson. Apenas 15 minutos más tarde, a través de una puerta blanca se ingresó a Apartment , el segundo plato del famoso sueco, un dúo exquisito, bailado con gracia, que trabaja sutilmente los dos sentidos de la palabra apartamento (el de vivienda y el de separación), y también dos espacios, sobre una composición moderna de la banda de rock escandinava Fläskkvartetten. Siempre será motivo de celebración -ojalá dejara de ser extraña- contar en este rincón del mundo con el repertorio de Ek.
Generaciones
Siguiendo con la evolución cronológica que tácitamente planteó el programa presentado por el Mozarteum Argentino, siguió Cantus in Memory of the Dancing Queen , del joven Giovanni Bucchieri, también para cuatro bailarines de esta compañía con figuras de bellas líneas. Como más tarde con Tactile Affinity , pieza con un interesante tránsito continuo de sus intérpretes, del también treinteañero Pontus Lidberg, se advirtió una marcada influencia de los grandes. Es que en el marco de este espectáculo, ambos nombres emergentes del panorama contemporáneo parecieran venir a declarar su herencia lingüística de los suecos en cuestión, pero también de los pilares de la danza de las últimas décadas del siglo XX, como Jirí Kylián, el mismo Mats Ek, William Forsythe y Nacho Duato. Así, tal vez se pueda entender a la Stockholm 59°, que debutó con dos funciones en esta ciudad, como una suerte de equivalente del Nederlansds Dans Theater 2 de Holanda o la Compañía Nacional de Danza de España 2, es decir, conjuntos jóvenes anexos a grandes compañías (en este caso, claro, por adscripción al Real Ballet Sueco). Por el carácter extraordinario de la visita de una compañía provista de tan calificado repertorio, es para lamentar la brevedad de la función, de 100 minutos para cinco propuestas. Lo mismo fue suficiente, entonces, para definir a la Stockholm 59° North por su forma de entender la danza: pura. En los bordes de la abstracción, la compañía se nutre de movimientos envolventes, fluidos, que dibujan en la paleta del aire con trazo delicado, preciso y técnicamente límpido.
Constanza Bertolini
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Homogeneidad, ajuste y equilibrio
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Excepcionales versiones ofrecidas por la Kammerorchester Basel junto a la violonchelista Sol Gabetta
La Nación - Sábado 29 de mayo de 2010
Concierto de la Kammerorchester Basel (Suiza) con la violonchelista Sol Gabetta, organizada por el Mozarteum Argentino. Programa: Seis danzas folklóricas rumanas y Divertimento para orquesta de cuerdas BB.118 (1939), de Béla Bartók; Concierto para violonchelo y orquesta en Re mayor, Badley D 3, de Leopold Hofmann y Concierto Nº1 para violonchelo y orquesta en Do mayor Hob-VIIb/1. de Haydn. En el teatro Coliseo.
Nuestra opinión: excelente

Sol Gabetta, en una sobresaliente actuación con la orquesta suiza Foto: Juan Bongiovanni
Dos atracciones innegables tuvo la presentación de la Orquesta de Cámara de Basilea, esta vez con una esperada reaparición, la de Sol Gabetta. Fue una de sus más destacadas actuaciones, entre las que tuvo en sus esporádicos regresos a nuestro país. La otra, que se impuso desde la primera obra abordada, fue la Orquesta de Cámara suiza, con sus veintisiete excelentes músicos, capaces de abordar con parejo profesionalismo un programa ecléctico con obras clásicas y modernas, como el ofrecido en esta oportunidad, con el tino de combinar ordenadamente el contraste que entre sí ofrecen al oído.
Al escuchar a esta agrupación camarística de primer orden, se impone el grado de homogeneidad sonora, ajuste y equilibrio dinámico que poseen sus miembros, lo cual afloró de inmediato con las Seis danzas folklóricas rumanas (1917), para pequeña orquesta de cámara, de Béla Bartók, ofrecidas en primer término. El motivo que las inspiró, hacer resurgir el patrimonio cultural a través de una asimilación profunda del folklore, quedó fielmente patentizado durante su interpretación, plena de vigor y colorido, como aconteció, por ejemplo, en la tercera ( Danza de las pisadas ) con sus inserciones modales y un brillante desempeño del concertino del grupo, que le añadieron auténtico carácter a la versión ofrecida. Particular brillo y frenesí rítmico tuvieron las danzas finales.
La transición a un compositor como Leopold Hofmann, violinista virtuoso de su tiempo, con su Concierto para violonchelo en Re mayor , obra y autor insertos en pleno clasicismo vienés, no escapa a encuadres formales del estilo, algo que Sol Gabetta tuvo muy presente en su interpretación. La orquesta exhibió, además de su perfecta afinación, fraseo y matices, los expresivos crescendi , al estilo Mannheim, que su autor insertó. Sol Gabetta lució aquí con sus mejores virtudes interpretativas, y su cualidad distintiva -su sonido propio- al identificarse en grado sumo con las posibilidades expresivas de su instrumento, algo que alcanzaría su máximo nivel con Haydn.
El Divertimento para orquesta de cuerdas (1939), de Bartók, tuvo logros memorables, pues confirió ejemplar nitidez sonora y la escrupulosa lectura de sus melodías, ritmos, colores y transformaciones de la forma del concerto grosso (en la que se inspiró Bartók), con la incorporación de peculiaridades lingüísticas en las acentuaciones prosódicas de su línea melódica.
Quedaría reservado para el final el excepcional Haydn que Sol Gabetta brindó al abordar el Concierto Nº 1 para violonchelo y orquesta en Do mayor , obra cuya recuperación, en 1961 (pues se hallaba perdida) tuvo con ella una reedición interpretativa de primer nivel, pues son escasas las obras de repertorio para violonchelo y orquesta de esta índole existentes. Puede considerarse excepcional la calidad sonora extraída del instrumento,
Por Héctor Coda para La Nación
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Brillante actuación del Coro Universitario de Mendoza
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Con la diestra conducción de Silvana Vallesi, el organismo mendocino demostró una vez más por qué es considerado uno de los mejores coros de todo el mundo
Concierto del Coro Universitario de Mendoza. Dependiente de la Universidad Nacional de Cuyo, con la conducción de Silvana Vallesi, organizado por el Mozarteum Argentino para su ciclo de Conciertos del Mediodía. Programa: obras de Calixto Alvarez, Levente Gyöngyösy, Thierry Machuel, Tomás de Torrejón y Velazco, Paul Chihara, Guidon López Gavilán, Carlos Guastavino, Manuel Tejón y Angel Cucco Peña. En el teatro Gran Rex.
Nuestra opinión: excelente

Silvana Vallesi, una pieza clave en el lucimiento del Coro Universitario de Mendoza
Foto: LA NACION/Ricardo Pristupluk
Una actuación estelar, signada por la excelencia, ofreció en esta nueva etapa de los Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino el Coro Universitario de Mendoza, con la conducción de Silvana Vallesi. Se trata de un organismo coral que ha probado una vez más hallarse en el rumbo inspirado que le imprimió desde su creación -en 1965- el insigne maestro Felipe Vallesi. Sin temor a exagerar, después de escuchar al Coro Universitario mendocino, puede aseverarse que no es sólo uno de los conjuntos corales mixtos de máxima valía que enorgullece a Mendoza y al país, sino, además, uno de los mejores del mundo. Tal calificación debe deducirse de los significativos triunfos obtenidos: el Gran Premio Europeo de Canto Coral 2009, que le fue otorgado en el Florilège Vocal de Tours (Francia), y el Grand Prix en la 23º Bèla Bartòk International Choir Competition, realizada en Debrcen (Hungría), noticias que -lamentablemente- no tuvieron en su oportunidad la debida difusión en la Argentina.
Expresiones
No resulta difícil advertir, empero, al escuchar en vivo a los coreutas mendocinos, las razones que deben haber impulsado a sus eventuales jueces europeos a concederles esos máximos galardones: afinación perfecta y admirable ajuste en todas y cada una de sus cuerdas; ductilidad interpretativa y amplios márgenes dinámicos y expresivos para abordar obras de diferentes épocas y estilos; un repertorio a cappella que se interna con solvencia técnica en las creaciones musicales contemporáneas, así como en páginas latinoamericanas de raíz folklórica. Pero, por encima de todo, el Coro Universitario posee una identidad inequívoca y ejemplar, actitud que se advierte en la masa coral, y que el espíritu y las indicaciones de su esclarecida directora Silvana Vallesi han logrado galvanizar en el alto grado de participación de todos sus integrantes.
Hubo comunicativa expresión de la solista Laura Cabrera en Lacrymosa , del cubano Calixto Alvarez; bello color en la amalgama vocal y expresiva homogeneidad sonora en Te lucis ante terminum, de Levente Gyöngyösi; y persuasiva intensidad en la voz baritonal del solista en Le Parure éphemère , de Thierry Machuel, ofrecida en primera audición, con reminiscencias de las estructuras microtonales de Lygeti, especialmente en la ductilidad expresiva de las voces femeninas.
La incorporación del clave, el violonchelo y la guitarra barroca confirió dulzura sonora a Desvelado dueño mío a ocho voces con bajo continuo, pieza del célebre músico indiano Tomás de Torrejón y Velazco -nacido en el Perú colonial y maestro de capilla en la Catedral de Cuzco-, vertida con equilibrada polifonía vocal.
Lie lightly gentle earth , del japonés Paul Chihara, reveló precisa fusión vocal en sus tenues disonancias y sus crescendos. Aporrumbeosis , del cubano Guido López Gavilán -expresión del canto colectivo popular- tuvo atractivos efectos vocales y sonoros. Las Indianas para coro masculino ("La tarde" y "Sino"), de nuestro Carlos Guastavino, con trazo limpio y fluido lirismo alcanzó la expresión conmovida y perenne que posee toda creación musical cuando llega a convertirse en una expresión casi anónima. Por supuesto, toda huella de nostalgia se esfumó luego con la cueca mendocina Remolinos , de Manuel Tejón, traducida con auténtico sabor expresivo que, en Bomba E! del portorriqueño Angel Cucco Peña, deslumbró como sus repentinas palmas, chasquidos y ritmos plenos de vida y colorido. Finalmente, Tangata , de Astor Piazzolla, con la acertada y eficaz participación del pianista Marcelo Ayub, arrancó sostenidos y merecidos aplausos.
Por Héctor Coda para La Nación
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DISTINCIONES 2009 de la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina:
reconocimiento a artistas presentados por el Mozarteum Argentino.
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En un acto realizado en el Salón Illia del Congreso de la Nación el pasado 29 de Abril y tras haber realizado su votación anual, la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina distinguió a los mejores conjuntos y solistas nacionales y extranjeros que se han presentado en nuestro país durante la Temporada 2009.
Entre dichas distinciones y en los rubros que se mencionan a continuación, ACMA distinguió a algunos de los artistas convocados y presentados por el MOZARTEUM ARGENTINO durante la pasada temporada.
En el rubro Orquesta Sinfónica Extranjera se destacó a la ORCHESTRE DE LA SUISSE ROMANDE, organismo que se presentara en el mes de mayo de 2009.
El pianista francés JEAN-IVES THIBAUDET, quien se presentó en la pasada temporada interpretando el Concierto nº 2 de Franz Liszt y el Concierto en Sol Mayor de Maurice Ravel fue elegido en la categoría Solista Instrumental Extranjero.
Como Grupo de Cámara Extranjero fue distinguido el VIENNA PIANO TRIO, destacada agrupación que se presentó en Buenos Aires durante el pasado mes de Agosto.
Mientras que la mezzosoprano estadounidense VIVICA GENOUX, quien interpretó virtuosas arias de Händel y Hasse durante la Temporada 2009 del Mozarteum, fue distinguida en la categoría Cantante Extranjera.
La distinción Estímulo fue otorgada a la ORQUESTA SINFÓNICA DEL NEUQUÉN la cual se presentó en el mes de septiembre en el ciclo “CONCIERTOS DEL MEDIODÍA” DEL MOZARTEUM ARGENTINO, bajo la batuta de Andrés Tolcachir. Es de destacar que en dicha oportunidad tuvo lugar el estreno mundial de la obra PATAGONIA del compositor argentino Esteban Benzecry, la cual fue premiada por la Asociación de Críticos Musicales como Mejor Obra Estrenada de la pasada temporada.
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El Mozarteum comenzó a lo grande.
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Brillante actuación de la Filarmónica de Dresde y del chelista Johannes Moser
Orquesta Filarmónica de Dresde. Concierto inaugural de la temporada 2010 del Mozarteum Argentino. Dirección: Frühbeck de Burgos. Participación del violonchelista Johannes Moser. Programa: Brahmsliebewaltzer N° 2 (de Drei Waltzer) para orquesta, de Wolfgang Rihm; Concierto para violonchelo y orquesta en La menor, op. 129, de Schumann, y Sinfonía Nº 1 en Do menor, op. 68. Teatro Coliseo.
Nuestra opinión: excelente
En un día coincidente con otras importantes manifestaciones musicales en Buenos Aires, ésta -que ofreció una de las mejores orquestas sinfónicas tradicionales de Alemania- brindó a un público ávido de expresiones musicales genuinas una noche inolvidable.
La jerarquía artística de la Orquesta de Dresde estuvo convalidada por un programa de selectiva coherencia, al aunar obras de Brahms y Schumann con la expresión de un compositor contemporáneo relevante en el panorama europeo, como lo es Wolfgang Rihm. La apertura del concierto -que dio comienzo un poco más tarde de la hora prevista, por un malentendido horario y por el tránsito vehicular porteño-, consistió en una mirada hacia el pasado romántico brahmsiano desde la perspectiva que ofrece nuestro tiempo; visión fugaz, podría decirse.
Los escasos siete minutos del Brahmslieebewaltzer Nº 2 , inspirado en uno de los Valses de amor , de Brahms, con el lenguaje renovador de Rihm, encierra, sin mayores sobresaltos, un lirismo liberado de moldes clásicos. Fue la primera prueba de las excelentes cuerdas que posee la orquesta, la calibrada sonoridad de los metales y de la percusión, y la entrañable coherencia histórica de la música alemana entre los siglos diecinueve y veinte, a través de Mahler, Bruckner y los compositores de la primera Escuela de Viena, Schoenberg y Alban Berg.
Le estaría reservado al muy talentoso violonchelista muniqués Johannes Moser revivir, con gran solvencia de medios técnicos y expresivos, el fuego romántico de Schumann. Su versión del Concierto para violonchelo y orquesta op. 129 , con sus tres movimientos ejecutados sin interrupción, acentuaron la gran libertad discursiva del gran romántico, desde el a llegro inicial ( Nicht zu Schnell ), inquieto y elocuente, que Moser interpretó de manera cabal, con un holgura sin reservas, aunque también con algunas notas graves un poco ásperas, haciendo gala de una excelente articulación y muy precisos ataques de arcos en frases largas e intensas, no exentas de rasgos melódicos de delicado lirismo.

El director del organismo alemán, Frühbeck de Burgos, fue uno de los responsables del buen resultado de la función
Foto: VICTORIA CONCI
La orquesta visitante, con la impecable afinación de sus grupos instrumentales y un admirable grado de homogeneidad sonora y balance dinámico, resultó con las indicaciones de Frühbeck de Burgos un soporte consistente y dúctil para la labor de Moser, en todo momento consustanciado con ella. Hubo expresiva ternura y calidad sonora en el adagio ( Langsam ), fraseado con amplitud en el cantabile , apasionada expresividad en el Vivace ( Sehr lebhaft ) y exhaustivo virtuosismo en la cadenza.
Las notorias virtudes de la Orquesta Filarmónica de Dresde resultaron naturalmente potenciadas en una obra como la Primera Sinfonía en Do menor, de Brahms. Reviviendo las cualidades estilísticas del gran músico hamburgués gracias a una labor extremadamente precisa y dinámicamente equilibrada entre los diferentes sectores de la orquesta, el director español le confirió gran unidad de sentido desde su dramático comienzo acentuado por los rítmicos golpes de timbal y su notoria afinidad beethoveniana. Condujo con natural autoridad las transiciones expresivas bien elaboradas a lo largo de los cuatro movimientos. Notoria calidad expresiva hubo en el a ndante sostenuto (con excelente desempeño del sector de las cuerdas y del oboe solista, fue, asimismo, fiel reflejo de la rica textura sinfónica).
Hubo poesía en la interpretación del tercer movimiento y grandeza coral en el a llegro non troppo final con el poderoso tema de los violonchelos y el carácter hímnico, que en el sector de bronces tuvo blando sonido y resplandeciente brillo.
Excelente
por Héctor Coda para La Nación
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Exitoso estreno en Hamburgo de la ópera "Le Bal", del argentino Oscar Strasnoy, uno de los primeros beneficiarios de la Beca "Teresa Grüneisen" del Mozarteum Argentino
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Una genialidad, así calificó el prestigioso periódico alemán Süddeutsche Zeitung a la ópera “Le Bal”, del compositor argentino Oscar Strasnoy, estrenada el pasado 8 de marzo en la Ópera de Hamburgo.
Esta ópera satírica en un acto fue puesta en escena como parte de una producción que incluyó a las óperas “Erwartung”, de Arnold Schönberg y “Das Gehege” de Wolfgang Rihm y que recibió el nombre de “Trilogie der Frauen” (Trilogía de las mujeres).
“Le Bal” es una farsa creada por Strasnoy sobre textos de la autora judeo-ucraniana Irène Némirovsky, notable escritora radicada en Francia y deportada durante la segunda guerra mundial al campo de concentración de Auschwitz, donde falleció en 1942. Némirovsky ha sido re-descubierta durante los últimos años por el mundo literario, mediante la edición de sus obras póstumas y la valorización de sus escritos, que develan el complejo mundo de la Europa de entreguerras. La obra narra el crítico pasaje de una adolescente a la edad adulta en la París de la década de 1920.

Oscar Strasnoy, nacido en la ciudad de Buenos Aires en el año 1970 y radicado en Francia, realizó sus estudios en el Conservatorio Nacional “Carlos López Buchardo”, en el Conservatorio de París, donde obtuvo el Primer Premio de Composición, al culminar sus estudios y en la Hochschule für Musik de la ciudad de Frankfurt.
Entre los años 1996 y 1998 se desempeñó como Director Musical de la Orchestre du Crous de Paris.

Strasnoy fue uno de los primeros artistas en obtener la Beca “Teresa Grüneisen”, del Mozarteum Argentino como así también por el Gobierno Argentino, el Gobierno de Francia y la Fundación Nadia Boulanger, entre otras instituciones.
El compositor italiano Luciano Berio lo galardonó con el Premio Orpheus, en el año 2000, por su ópera “Midea”, la cual fue producida por el Teatro Caio Melisso, en Spoleto, Italia y por el Teatro dell´Opera di Roma, el siguiente año. Sus obras han sido estrenadas en Europa, Australia, Japón, Norteamérica y Sudamérica.
Oscar Strasnoy ha recibido numerosos y destacados encargos, entre los que pueden mencionarse recientemente las obras “Geschichte”, sobre texto de Witold Grombrowicz, para la Fromm Music Foundation/Harvard University; “Six Songs for the Unquiet Traveller”, para Anne Murray y el Wigmore Hall de Londres y “Fabula”, ópera para un cantante, viola y actor, para el Festival de Eclat, realizado en Stuttgart en 2007. Durante el mismo año obtuvo una beca para la composición musical, de la Guggenheim Foundation Fellowship. En 2009 fue compositor residente del Festival des Arcs, Francia.
El estreno de “Le Bal”, en la Hamburguische Staatsoper es un hecho altamente significativo por tratarse este de uno de los escenarios operísticos más importantes y antiguos de Europa, como así también, por ser esta una producción destacada que situó a la obra de Strasnoy junto a dos creaciones consumadas dentro del repertorio.
La crítica fue unánime en su apreciación: “…Strasnoy, quien sigue los pasos de su compatriota Mauricio Kagel y actualmente trabaja en una nueva ópera para el Festival d´Aix-en-Provence, ha ofrecido una opereta trágica que es una diminuta genialidad: en el tiempo justo para el teatro musical, con una perfecta expresión para el canto”, destacó el periódico Süddeutsche Zeitung
La música de Strasnoy se presenta con una pluralidad de ideas, espíritu y una matizada caracterización artística. (…) La ópera de Strasnoy, que fuera interpretada por la Hamburger Philharmonikern bajo la dirección de Simone Young, es un verdadero tesoro para los cantantes. (…) Una velada de elevado nivel, mencionó el Frankfurter Rundschau
Asimismo, Die Zeit, tituló “Mágico estreno: “Le Bal”.
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Mozarteum presentó su temporada
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Entre las figuras que dirán presente está Daniel Barenboim y su West-Eastern Divan Orchesta, y Sol Gabetta
Para estar a tono con las celebraciones por el Bicentenario de la Patria y con la esperada reapertura del Teatro Colón, el Mozarteum Argentino presentó una programación (cuyo abono sale a al venta hoy, ver aparte) con solistas y agrupaciones de importante trayectoria internacional para estar a la altura de las circunstancias.
En este marco, la asociación musical -quizás la más importante del país- ofrecerá su 58a. temporada en el Coliseo hasta el mes de julio inclusive, y en el Colón a partir de agosto y, en concordancia con el horario que estableció el propio Teatro Colón para sus funciones, todos los conciertos organizados por el Mozarteum comenzarán también a las 20.
La Orquesta Filarmónica de Dresden (Alemania), con el chelista alemán Johannes Moser como solista y dirigida por Rafael Frühbeck de Burgos, abrirá la temporada los días 6 y 7 mayo. Juntos presentarán dos programas con obras de Wolfgang Rihm, Robert Schumann, Antonín Dvorák y Johannes Brahms.
Después de muchos años, retornará al país la joven violonchelista Sol Gabetta; una de nuestras más exitosas intérpretes, laureada con numerosos premios en Europa. Aquí se presentará junto a Kammerorchester Basel de Suiza, para interpretar obras de Béla Bartók, Leopold Hofmann y Joseph Haydn, el 26 y 27 de mayo.
De Austria arribará el 15 y 16 de junio por primera vez a la Argentina, el aclamado Eggner Piano Trio. Sus programas recrean obras de Ludwig van Beethoven, Antonín Dvorák, Johannes Brahms, Robert Schumann, Dmitri Schostakovich y Maurice Ravel.
Como es habitual en las temporadas mozarteanas, este año también habrá ballet, que llegará de la mano del novedoso Ballet Stockholm 59º North -integrado por solistas del Royal Swedish Ballet-, que ofrecerá el 1º y 2 de julio obras de Mats Ek, Pontus Lidberg, Daniel Sjöqvist y Giovanni Bucchieri, destacados coreógrafos contemporáneos.
En el marco de la reapertura del Teatro Colón, el Mozarteum Argentino iniciará sus actividades en la sala restaurada el 2 y 3 de agosto con el destacado pianista argentino Nelson Goerner -de gran éxito en los centros musicales de Europa- quien en esta oportunidad ha preparado un programa especial dedicado a la celebración del año Chopin, al cumplirse el bicentenario de su nacimiento.
Continuando la temporada en el Colón, se destacan los conciertos de Daniel Barenboim al frente de su West-Eastern Divan Orchestra, los días 18, 19, 21 y 22 de agosto. Los programas estarán dedicados a las sinfonías de Ludwig van Beethoven. Así, Barenboim festejará además, con esta visita, el 60º aniversario de su primera presentación, como parte de una gira latinoamericana en festejo del Bicentenario en México, Colombia, Chile y Argentina.
Por su parte, el 4 y 5 de octubre se destaca la presentación de la orquesta barroca Música Angélica de los Estados Unidos, dirigida por Martin Haselböck, que tendrá como solistas a los cantantes Carolyn Sampson (soprano) y Daniel Taylor (contratenor).
Por primera vez en Buenos Aires, se presentará, el 22 y 23 de octubre, la Orchestre Philhar-monique de Radio France. La orquesta ?que dirige Myung Whun Chung? actuará junto al destacado pianista argentino Sergio Tiempo como solista. Y en el cierre del año ?que se llevará a cabo el 1º y 2 de noviembre? brillará la Misa en Si menor, de Bach, en las voces del famoso Thomaner Chor (Coro de Niños de la iglesia de Santo Tomás de Leipzig) que actuará junto a la Orquesta Bach del Gewandhaus de Leipzig.
La renovación de abonos para el primer ciclo se realizará en el teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125) a partir de hoy y durante toda esta semana, entre las 10 y las 13, y de 15 a 19. Y la semana que viene, en el mismo horario, se renovarán los abonos del segundo ciclo. En tanto, la inscripción de nuevos socios ?según las vacantes disponibles? se realizará los días 18 y 19 de marzo también en el Coliseo, en los mismos horarios. Los socios menores de 25 años tienen la posibilidad de adquirir sus abonos a un precio preferencial. Esa es, precisamente, la idea de Música para la Juventud, la rama del Mozarteum Argentino creada con el fin de acercar la música a los más jóvenes.
Diario La Nación, lunes 1 de marzo de 2010
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Premios Konex 2009
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El lunes 9 de noviembre la Fundación Konex otorgó los Premios Konex 2009: Música Clásica, en el Salón de Actos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.
El Mozarteum Argentino fue honrado con el Premio Konex de Platino, como máximo exponente de la disciplina "Entidades Culturales".
La Sra. Jeannette Arata de Erize recibió el premio de manos del Sr. Enrique Braun Estrugamou
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50º Aniversario del ciclo "Conciertos del Mediodía" 2009
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El Diario La Nación y el Mozarteum Argentino han editado en forma conjunta un suplemento especial de adnCULTURA para conmemorar el 50º Aniversario del ciclo "Conciertos del Mediodía". Distribuido el sábado 24 de octubre en forma gratuita con el diario, la publicación reúne atractivas notas y fotografías que recorren estos 50 años, emocionando e informando a los lectores.

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Por los carriles imaginados
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Admirable concierto de la Camerata Salzburg, con dirección del pianista Stefan Vladar
por Pablo Kohan para La Nación
Camerata Salzburg . Director y solista: Stefan Vladar, piano. Programa: Haydn: Sinfonía Nº82 en Do mayor, "El oso" y Concierto Nº 11 para piano y orquesta en Re mayor; Mozart: Sinfonía Nº 36 en Do mayor, K.425 "Linz". Mozarteum Argentino. Teatro Coliseo.
Nuestra opinión: muy bueno
A último momento, Stefan Vladar debió reemplazar a Leonidas Kavakos, el titular de la Camerata Salzburg y salvo porque, obligatoriamente, hubo que reemplazar dos conciertos para violín, el instrumento de Kavakos, por dos obras para piano y orquesta, el terreno de Vladar, no hubo ninguna señal de urgencia de último momento. Todo anduvo por los carriles imaginados y la Camerata sonó fluyente y segura, como si el cambio de director no hubiera tenido mayor trascendencia. De algún modo, esta Camerata da la sensación de cierta infalibilidad, como si el director que ante ella se ubique no tuviera tanta incidencia, afirmación que, por supuesto, es improbable y falaz.
Las tres obras de Haydn y de Mozart que conformaron el repertorio de este recital fueron escritas en un lapso de un lustro y en la misma década de 1780. Y si bien estos dos compositores no son iguales en sus idiomas individuales ni en los planteos dramáticos dentro del campo de la música instrumental, en esta presentación primó un sonido general similar, como también un mismo tipo de aproximación en las dos sinfonías. De principio a fin, el ensamble austríaco funcionó perfecto, con precisión, cierta robustez, muy bien manejada como para no alcanzar sonoridades poco clásicas, y un muy logrado equilibrio. Pero de esta maquinita musical no surgieron demasiadas variantes, esas que denotaran distancias entre las pomposidades y cierta grandilocuencia de la sinfonía El oso y los componentes muy operísticos de la sinfonía Linz . Después de todo, la aceptación que con sus propuestas cosechaba Haydn no se condecía con los resquemores y hasta rechazos que la dramática discursiva de Mozart generaba en el público de su tiempo. En este concierto, Vladar pareció enfocar a ambas sinfonías con una misma lente, aunque, menester es señalarlo, las dos ejecutadas de modo impecable.
En realidad, estas observaciones sobre aspectos interpretativos de dos sinfonías coetáneas no deberían entenderse como un menoscabo sobre el trabajo de una orquesta de cámara de altísimo nivel. En cambio, cuando Vladar se sentó al piano para conducir el Concierto Nº 11 de Haydn, sobrevinieron algunas cuestiones más opinables. Si bien Vladar es un pianista admirable -y, precisamente, por sus interpretaciones vinculadas al clasicismo vienés-, la combinación de intérprete-conductor no pareció de las más exitosas. Desde su banqueta dio la orden de comienzo a la orquesta y, sin que mediaran más que algunos segundos, él mismo se sumó al tutti inicial, tocando, muy suavemente, acordes y arpegios o duplicando las melodías de los violines, una práctica muy extraña y que, en última instancia, lo hizo prescindir de la gestualidad de la dirección, reforzando aún más la sensación de que la Camerata Salzburg funciona casi con piloto automático. Pero además, en su ejecución convivieron maravillosos toques de limpieza y delicadeza extremas con algunos embarullamientos producidos por excesos de pedal, sobre todo en las cadencias y, en el último movimiento, por la elección de un tempo ultraveloz que devino en algunos enredos poco oportunos.
Fuera de programa, después de la sinfonía Linz , Vladar y la Camerata cerraron una noche clásica, a pura elegancia, tocando el muy calmo, bello e inocente tercer movimiento de la Casación para cuerdas K.63 , de Mozart, una verdadera caricia para el alma.

Stefan Vladar condujo la Camerata Salzburg antes de sentarse al piano
Foto: LA NACION / Marcelo Omar Gómez
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Vienna Piano Trio y un concierto insoslayable
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La perfección, de la mano de la inteligencia musical
Por Héctor Coda
Para LA NACION
Presentación del Vienna Piano Trio. Integrado por Wolfgang Redik (violín), Matthias Gredler (violonchelo), y Stefan Mendl (piano), organizado por el Mozarteum Argentino. Programa: Trío con piano en Sol mayor, Hob XV/25, de Haydn; Trío con piano en Sol menor op. 15, de Bedrich Smetana; y Trío con piano en Do menor, op. 66, de Felix Mendelssohn. En el Teatro Coliseo.
Nuestra opinión: excelente
De imperdible habrá de calificarse a esta presentación en Buenos Aires del Vienna Piano Trio en la temporada del Mozarteum, con tres integrantes cuya inteligencia musical ha logrado alcanzar un grado de unidad y perfección tan alto para dar expresión cabal a interpretaciones como las ofrecidas.
El programa elegido no pudo ser una manifestación más exhaustiva de la definición y los alcances expresivos de los autores escogidos y sus estilos, en cuyo logo cada miembro del grupo evidenció una entrega y un rendimiento excepcionales. Hubo, claro está, condicionamientos impuestos por la escritura de cada una de las partes instrumentales, estilísticamente más homogéneas en la pureza clásica del Trío all´ungherese en Sol mayor , de Haydn. Más temperamentalmente rapsódica en el Trío de Smetana, y expansivamente expresiva en el de Mendelssohn, lo cual pudo crear la impresión de cierto desbalance sonoro instrumental en algunas obras.
Haydn fue vertido con gran sentido del estilo, con expresión muy extravertida en el movimiento inicial, que fue abordado con equilibrio y transparencia sonora sin que la perfecta articulación y el riguroso ajuste rítmico restasen elegancia al fraseo y a un piano cuya inclusión se acercó a la sonoridad lograda con los teclados de mecánica liviana de la época. El poco adagio que siguió, al que la voz grave del violonchelo confirió profundidad sonora e intenso lirismo, aportó significativos contrastes y matices expresivos muy bien logrados. El rondó final all´ongherese fue sumamente efectivo en su carácter, sus acentos y sus retozantes contrastes rítmicos.
Arrolladora expresividad
El Trío en Sol menor op. 15 de Smetana puso en evidencia el incuestionable virtuosismo que los camaristas alcanzan en el allegro con su ceñido contrapunto, especialmente en el presto final de exaltada y arrolladora expresividad, sin alterar las cualidades de su sonido conjunto, no obstante los súbitos cambios de ritmo y movimiento.
Por la relevancia del espíritu romántico emanado del Trío op. 66 en Do menor de Mendelssohn, bien puede considerarse que la excelente versión ofrecida por este ensamble vienés visitante constituyó un auténtico homenaje al genio de Hamburgo en la celebración de su bicentenario.
La extraordinaria agilidad de su escritura, con un piano dominante y gran extensión en los despliegues de escalas y arpegios, logra que su brillo etéreo no decaiga en ningún momento. Las frases pulidamente matizadas del allegro energico , la expresión apasionada por parte de los intérpretes -con la reexposición de temas a cargo de las cuerdas-, y, especialmente el molto allegro que revive en el oyente el recuerdo del scherzo de Sueño de una noche de verano , constituyeron momentos inolvidables en esta brillante presentación.
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Masterclass en Jujuy
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El sábado 8 de agosto, los integrantes del Vienna Piano Trio (Austria) realizaron masterclasses de violín, violoncelo y piano en el Teatro Mitre de Jujuy. Wolfgang Redik (violín), Matthias Gredler (violoncelo) y Stefan Mendl (piano) trabajaron durante dos horas junto a jóvenes músicos de la ciudad y sus alrededores, en esta actividad organizada por la Comisión Música Joven del Mozarteum Argentino Filial Jujuy.

Foto: José Rodríguez Bárcena

Foto: José Rodríguez Bárcena

Foto: José Rodríguez Bárcena
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Manuel Mercado en Arte Ayuda
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El miércoles 1º de julio se realizó una nueva edición de Arte Ayuda, a beneficio de diversas obras. Uno de los beneficiados por esta iniciativa fue el joven violoncelista jujeño Manuel Mercado, becario del Mozarteum Argentino. La ayuda recibida es para poder viajar a Buenos Aires a perfeccionarse en su instrumento.

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Maravilloso conciero del Emerson
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El ensamble que trajo Mozarteum Argentino dejó boquiabiertos a los espectadores que colmaron el Coliseo
por Pablo Kohan
Cuarteto Emerson. Programa: Ives: Cuarteto de cuerdas Nº 1; Ravel: Cuarteto en Fa mayor; Schubert: Cuarteto en re menor, D. 810 La muerte y la doncella. Mozarteum Argentino. En el Teatro Coliseo.
Nuestra opinión: excelente
Ni la gripe A, ni la lluvia, ni las cancelaciones de conciertos ni las suspensiones teatrales decretadas el mismo lunes parecieron afectar a la concurrencia: el Coliseo presentaba un aspecto multitudinario. La inmensidad del teatro, colmado, sólo estaba alterada por esas butacas vacías que, estadísticamente hablando, forman parte ineludible del panorama general cuando lo que hay por delante es un recital de cámara. Y aquellos que se hicieron presentes, deben haber salido absolutamente satisfechos, con sus expectativas bien complacidas, a juzgar por los aplausos atronadores que arreciaron en el final, entremezclados con unas ovaciones que incluyeron, sin exagerar, gritos, alaridos y vociferaciones varias. En realidad, no hay sino que coincidir con un veredicto tan estrepitoso como merecido. Lo que el Cuarteto Emerson había ofrecido había sido maravilloso. Sin ninguna duda
A diferencia de otros cuartetos de cuerdas de excelencias demostradas, el Emerson tiene su propio modo de trabajo. Más allá de la diferencia establecida en el hecho de tocar de pie, salvo el chelista, obviamente, sus dos violinistas, Eugene Drucker y Philip Setzer, alternan como primero o segundo violín según la ocasión y la obra. Pero además, ninguno de ellos parece asumir de modo ostensible el comando de la ejecución cuando se ubican como primer violín: en lugar de órdenes o indicaciones imperativas o precisas, lo que aparece son miradas que sólo buscan coincidencias para afirmar complicidades. Se detecta una comunidad de objetivos colectivos y lo que se escucha es exactamente eso, un equipo muy homogéneo de cuatro músicos persiguiendo un único objetivo. Y lo logran a la perfección, con inagotables cuotas de musicalidad. Pero esta perfección artística es sólo una parte de la criatura. La otra es la sabiduría y el desprejuicio para elegir el repertorio y la probidad para llevarlo a cabo, entendiendo de estilos interpretativos y utilizando infinidad de recursos técnicos y expresivos. De los mismos instrumentos salieron sonidos, colores y fraseos completamente distintos según tocaran Ives, Ravel o Schubert.
Sin entrar en minucias de afinación, exactitudes o balances, cuestiones obviamente largamente alcanzadas, el Emerson, en terreno definitivamente local, sacó a la luz los componentes americanos del Cuarteto Nº 1 de Ives, una obra temprana en la cual, sin embargo, este iconoclasta de talentos infinitos muestra su hilacha. Sin anestesia ni preavisos, Ives incluye finales con puntos suspensivos o con signos de interrogación, alterna un fugado con un primitivo cluster y, apelando a ciertos planteos caóticos, hace convivir a las armonías más tradicionales con esbozos de politonalidad. Y los aplausos posteriores indicaron que una obra que, supuestamente, podría ocasionar algún escozor tuvo una muy buena recepción.
El Cuarteto en Fa mayor , de Ravel, sonó rebosante de sutilezas, con distintos toques y con una precisión sorprendente para que del conjunto surgieran voces internas y contrapuntos escondidos. Para hacer una analogía, tal vez demasiado tecnológica para tanta música y tanto arte, al Emerson el chip que ordena los circuitos internos le funciona a la perfección.
Por último, Drucker, Setzer y sus compinches Lawrence Dutton y David Finckel presentaron una interpretación contundente y sumamente expresiva del Cuarteto La muerte y la doncella , con toques de intimidad o de ferocidad, con apasionamiento o con objetividad y siempre impecables y ajustados. Después del vendaval de gritos y aplausos, Drucker, ahora como segundo violín, en castellano, anunció, fuera de programa, el Scherzo en la menor, op. 81, Nº 2 , de Mendelssohn, una pieza para cuarteto en la que afloraron los duendes, la alegría y ese optimismo contagioso y mágico de Mendelssohn. Y que el Cuarteto Emerson, qué duda cabe, supo plasmar de manera admirable.

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Exaltación del barroco, con Vivica Genaux
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El Concerto Köln fue un elemento vital de la noche
por Héctor Coda
Presentación del Concerto Köln. Organizada por el Mozarteum Argentino, con la participación de la mezzosoprano Vivica Genaux. Programa: Suite N° 1 en Fa mayor, HWV 348 (Música acuática); y arias "Sta nell´ircana" (de Alcina), "Cara speme", (de Giulio Cesare), y "Dopo notte atra e funesta",(de Ariodante), de Georg Friedrich Haendel; Concierto para violonchelo, cuerdas y bajo continuo en Re menor N° 23, RV 407, de Vivaldi; Concerto Grosso Op. 3 N° 2 en Si bemol mayor HWV 313; y aria "Langue offeso" (de Giulio Cesare), de Haendel; y "Di quell´acciaro al campo" (de Solimano) de Johann Adolf Hasse. En el Teatro Coliseo.
Nuestra opinión: muy buena
Una sesión exultante de música barroca resultó ser la presentación del conjunto Concerto Köln, de instrumentos antiguos, junto a la mezzosoprano norteamericana Vivica Genaux, pues no otra cosa fue la perceptible alegría de hacer música que emanó de cada una de las versiones ofrecidas por estos calificados intérpretes.
El concierto, en su conjunto, con la interesante alternancia de obras de música instrumental y música vocal de eminentes compositores del barroco alemán e italiano fue, en definitiva, un atrayente entramado de versiones que lució como un organismo viviente, distante de enfoques academicistas que hubieron amenguado su interés. Una primera prueba de ello se tuvo con la versión que el Concerto Köln hizo de la Suite N° 1 en Fa Mayor Música acuática , de Haendel, por el suntuoso brillo y ajuste conferido a su solemne Obertura, con amplia y homogénea sonoridad en su riqueza tímbrica y, en los siguientes movimientos, con vivos contrastes y prolijo equilibrio entre las maderas, los metales y los arcos (con admirables solos instrumentales), así como ejemplar pulcritud en el exornado discurso vertido en todo su esplendor barroco.
Otro tanto se evidenció en la versión del Concerto Grosso Op. 3 N° 2 en Si bemol mayor , en cinco movimientos, con una brillante intervención del primer violín (Markus Hoffmann) en el vivace inicial y elocuentes intervenciones del ripieno orquestal, dulces sonoridades y expresivo fraseo en el largo que al continuo añadieron los oboes barrocos.
Virtuosismo
Las primeras intervenciones de la mezzosoprano Vivica Genaux en las arias de las óperas Alcina y Giulio Cesare de Haendel, con ajustado soporte orquestal, hicieron harto evidente la presencia de una cantantes de extremado virtuosismo en su cuerda, con un repertorio selectivo, en el que se mueve con la holgura de una auténtica especialista, sin fisuras en su perfecta afinación ni esfuerzo aparente y sin olvidar el papel operístico asumido. En "Sta nell´ircana", primero, su Bradamente asombró por la vivacidad de sus coloraturas y en "Cara speme" (de Giulio Cesare ), con acompañamiento de clave y violonchelo, su voz lució con un lirismo más puro y rica vibración emocional.
El Concierto para violonchelo, cuerdas y bajo continuo en Re menor N° 23 , de Vivaldi, pese a la vitalidad y pujanza del gran veneciano -traducida eficazmente por la orquesta y la destreza técnica de su ocasional solista- no alcanzó a tener suficiente relieve interpretativo. A ello siguió una nueva y sobresaliente intervención de la mezzosoprano Genaux con el aria "Dopo notte atra e funesta", (de Ariodante ) de Haendel, en la que asumió el papel protagónico e hizo alarde de un admirable vocalismo de amplísimos recursos técnicos y expresivos. Después en "Langue offeso, mai riposa" (de Giulio Cesare ), su voz adoptó matices sombríos con vivaces coloraturas en el sector grave, y en la última aria ofrecida, "Di quell´acciaro al lampo" (de Solimano ) de Hasse refirmó las virtudes señaladas.

Foto: LA NACION / Fabián Marelli
Fuente: La Nación, viernes 5 de junio de 2009
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Con el espíritu de Ravel
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En dos noches, el pianista se lució con un gran programa. La orquesta fue un perfecto interlocutor.
Por: Sandra de la Fuente
Si el Concierto en Sol refleja -al decir del musicólogo Stuckenschmidt- "la vida rápida y turbulenta de los Estados Unidos, que marcó el espíritu de Ravel", habrá que admitir que en la notable versión que el pianista Jean-Yves Thibaudet ofreció junto con la Orchestre de la Suisse Romande ese espíritu parece haber nacido para disfrutar de la velocidad y el riesgo.
En Thibaudet hay algo excéntrico. Pero esa excentricidad no proviene del deseo de marcar diferencias respecto de su entorno sino de un territorio más personal, de la naturalidad con la que -a través del más puro dominio técnico- se expresa. La pajarita blanca y el frac no están en su guardarropas porque el concierto, antes que una protocolar cere monia, es un encuentro con músicos y público en el que se mueve como si jamás hubiera tenido que detenerse a resolver un pasaje difícil. El aliento le sobra aún en los movimientos extremos, en los que convierte el desenfreno en una natural búsqueda de colores sin sacrificar el ritmo. Y en el adagio central elude el amaneramiento, confía en la ambigüedad rítmica que concibió Ravel para crear una mágica atmósfera de ensueño.
La orquesta es un perfecto interlocutor. Janowski, su director, se sobrepone a la suma de efectos instrumentales ravelianos para dar vida a un lujoso tejido que destella en cada solo y ondula sensible a cada cambio dinámico. Difícilmente una orquesta pueda superar a ésta en la graduación de intensidades y en la precisión de sus cortes. La más cargada cortina sonora se evapora instantáneamente, con la precisa indicación de Janowski.
El concierto había comenzado con la presentación de El cielo, siempre tan límpido, se oscurece súbitamente, de Michael Jarrell. En la segunda parte, al lento epílogo de los Valses nobles y sentimentales siguió sin cortes una potente La Valse. Los bises cambiaron el aire: en la primera parte, el generoso Thibaudet había regalado una exquisita interpretación de un intermezzo de Brahms. La orquesta se despidió con un emotivo Puccini y un colorido Bizet.

Fuente: Clarín, domingo 10 de mayo de 2009
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Beca "Teresa Grüneisen" 2009
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La Beca "Teresa Grüneisen" 2009 fue otorgada a la joven violinista cordobesa Lucía Luque, para perfeccionarse en Cremona (Italia) con el Maestro Sergej Krilov. En el transcurso de los años 2009 y 2010, Lucía se perfeccionará con el maestro ruso que la ha aceptado como su alumna, seleccionándola entre cientos de aspirantes.
Lucía Luque estudió de 1998 a 2004 en la Escuela Privada de Arcos del Maestro Humberto Carfi (Córdoba), participó de “Austrian Master Classes” (Salzburgo), estudió en la Accademia Perosi di Biella con Anna Chumachenco, y Master con S. Krilov en 2008 (Piacenza). En el 2008 recibió su Diploma Superiore di Violino, con promedio 10 de calificaciones, del Conservatorio di Música Dall Abbaco di Verona.
Lucía Luque resultó ganadora del Concurso “Austrian Master Classes” (Salzburgo) en 2005 y 2006, donde participó junto a más de 120 violinistas del todo el mundo. También fue ganadora, en 2007 del Primer Premio del “Concorso Internazionale di Esecuzione Musicale di Asti” (Piamonte); y Primer Puesto en el “Premio Nazionale delle Arti” (Turín). En 2008 ganó los tres primeros premios en el Concurso Internacional “Riviera Etrusca” (Toscana), el Premio del Público, y un violín del siglo XIX con arco. También en 2008, recibe el Premio Especial del prestigioso “Concorso Internazionale di Violino Curci” (Nápoles), y es reconocida en Verona con el “Premio Academia Filarmonica dell’Arena” como la mejor diplomada del año. En Argentina, Lucía Luque recibió también premios por su talento y dedicación, como por ejemplo “Premio Jerónimo Luis de Cabrera” en su ciudad natal, como reconocimiento a su carrera; premio del Diario La Voz del Interior al talento sobresaliente del año; fue finalista de los “Premios Clarín”; recibió el premio de la Bolsa de Comercio a la joven sobresaliente del año; y el Gobierno de Córdoba la nombró “Embajadora de la Música”, entre otros.
Actualmente Lucía Luque es violinista del Trío Ópera Cento, solista invitada en orquesta italianas, invitada especial en festivales de música contemporánea, y primer violín de las orquestas La Offerta Musicale (Venecia) y Filarmonici Venetti, entre otras actividades.
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Conciertos del Mediodía - 50 Temporadas
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El Mozarteum Argentino inicia el 29 de abril en el Teatro Gran Rex la temporada 2009 de sus Conciertos del Mediodía. El acontecimiento marca un hito importante: el 50° aniversario de un ciclo que, con sus 16 conciertos anuales, todos ellos con entrada libre y gratuita, representa una de las realizaciones más emblemáticas de esa institución. Para informar sobre los alcances y características de esta nueva temporada, la Presidente del Mozarteum Argentino, Sra. Jeannette de Erize, y el Ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Ing. Hernán Lombardi, ofrecieron una conferencia de prensa el viernes 24 de abril en el Centro Cultural Recoleta. Asisitieron representantes de los medios, destacadas personalidades, miembros de la Comisión Directova del Mozarteum Argentino, y público en general.

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Una sinfonía en escena
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Dirigida por el belga Philippe Herreweghe, la notable orquesta francesa ofreció un original programa consagrado a Hector Berlioz
por Federico Monjeau
La Orquesta des Champs-Eysées abrió la temporada del Mozarteum con uno de los programas más curiosos que se hayan visto y oído en mucho tiempo: la Sinfonía Fantástica op. 14 y Lelio, o el retorno a la vida op. 14 bis de Hector Berlioz, en una suerte de estreno por partida doble: musical, ya que no hay datos de una primera audición de Lelio en Buenos Aires (lamentablemente ya no está Julio Palacio entre nosotros para terminar de confirmarlo, aunque no sólo se lo extraña por eso); y escénico, ya que la totalidad del programa incluyó una puesta en escena de Jean-Philippe Clarac y Olivier Deloeuill, con lo que el teatro imaginario del romántico Berlioz quedó realizado en un teatro material.
La Sinfonía Fantástica se inscribe en el género programático. Subtitulada "Un episodio en la vida de un artista", los cinco movimientos narran las reminiscencias y alucinaciones de un artista entregado al opio luego de una frustración amorosa. Lelio, terminada años después, es la celebración del regreso a la vida luego de las funestas visiones de la Fantástica. En Lelio el músico de la Fantástica está representado por un actor-recitante (Marcial Di Fonzo Bo), y la obra se completa con orquesta, coro y dos solistas (el tenor Robert Getchell y barítono Pierre-Yves Pruvot). Como observó Boulez, en la Fantástica el teatro es imaginario, en Lelio está encarnado. Berlioz pretendía que se ejecutasen una atrás de la otra, lo que rara vez se cumple.
La presente solución escénica desplegó el teatro imaginario de la sinfonía y lo integró en un arco con el epílogo teatral, para lo cual se valió de un actor y cinco bailarinas (que son la repetición de una única mujer), más tres pantallas de video, que se subdividirán en cinco en una acumulativa correspondencia con los cinco movimientos de la sinfonía. La interpretación no es realista (no podría serlo), sino metafórica. La acción del video es preparatoria: una gran sección de maquillaje, con un juego de espejos que está en sintonía con la parte coreográfica.
Nada es muy feo, nada está muy mal, aunque nunca desaparece la sensación de que se está asistiendo a una decoración innecesaria. De todas formas, la textura de la orquesta francesa es tan rica, la expresión tan intensa y las marcaciones de Herreweghe tan graduadas y sutiles, que no es difícil abstraerse de la escena y entregarse a la genial inventiva de Berlioz. Y el agregado de Lelio, con su manifiesto estético, es una verdadera fiesta musical e intelectual. Su ejecución contó con un valioso aporte local: el Grupo de Canto Coral de Néstor Andrenacci (apenas hubo que lamentar un acople sobreagudo seguramente derivado del dispositivo escenotécnico durante toda la ejecución de la Fantástica, que afortunadamente se subsanó en la segunda parte del programa).
Fuente: Clarin, jueves 23 de abril 2009

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Los caminos de la música
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La Filial Jujuy del Mozarteum Argentino editó el libro "Los Caminos de la Música - Europa y Argentina", junto con la Universidad Nacional de Jujuy.
Incluye textos de Pablo Bardin, Melanie Plesch, Pola Suarez Urtubey, Federico Monjeau, Pablo Kohan y Pablo Gianera.
El libro fue presentado en un emotivo acto en el Centro Cultural y Museo Culturarte, el pasado viernes 27 de marzo.

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Mariana Carnovali, premiada en Europa
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La joven mezzosoprano argentina Mariana Carnovali, becaria del Mozarteum Argentino, recibió un Premio Especial en el Concurso Internacional de Canto "Francisco Viñas" (Barcelona, España). Allí, también la jurado Teresa Berganza la felicitó especialmente y recibió numerosas propuestas laborales. El premio consiste en una beca de estudios por dos años en Pesaro (Italia).
La mezzosoprano argentina Mariana Carnovali fue integrante del Instituto Superior de Arte y "Coro Estable" del Teatro Colón, sus presentaciones le incluyen "Cuentos de Hoffman" y "Carmen" para Juventus Lyrica. Debutó como solista en el Teatro Colón temporada 2007 con "La Traviata". Fue galardonada en 2006 con el premio "Estímulo" por la Asociación Críticos Musicales Argentinos. Actualmente se perfecciona con la Prof. Edith Wiens en Augsburg, Alemania.
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