Concierto del Mediodía 14 de agosto de 2013
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Temporada 2013 - Teatro Gran Rex, Av. Corrientes 857 a las 13:00 hs
Una vez comenzado el concierto no se podrá entrar a la sala

ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
Con el auspicio de:




Miércoles 14 de agosto de 2013

TRIO ALBERTO WILLIAMS


Antonio Formaro, piano
Nicolás Favero, violín
Siro Bellisomi, violonchelo


PROGRAMA

PIOTR ILICH TCHAIKOVSKY (1840-1893)
TRÍO EN LA MENOR OP. 50, “A la memoria de un gran artista”


TRIO ALBERTO WILLIAMS
El Trío Alberto Williams  se formó en 2011 contemplado el aniversario del “Patriarca de la Música Argentina”. Integrado por tres jóvenes solistas de primera línea en su generación en la Argentina, que,  unidos por una férrea pasión por la música de cámara, y el inmenso repertorio para esta conformación en particular, decidieron trabajar en un proyecto que además de difundir la música universal en versiones de calidad, defienda al mismo tiempo las magistrales obras del repertorio argentino y latinoamericano. Esta ambición les impulsó a llevar el nombre del ilustre compositor e infatigable organizador y propagador de cultura musical, que fue Alberto Williams que además compuso en 1908,  el primer Trío con piano argentino publicado en Europa.

El  grupo realizó su debut presentándose como solistas en el Triple Concierto de Beethoven junto a la Orquesta  Estable del Teatro Argentino de La Plata dirigidos por el maestro Alejo Pérez. A partir de entonces se sucedieron presentaciones en el Teatro Colón, el  Festival “La bella Música“, y toda una gira por la Argentina que les acarreó los más cálidos elogios de la crítica. Para 2013 han sido invitados al Festival de Música de Cámara de Bolzano (Italia) y al Encuentro Internacional de Música de Cámara de Colombia. El Trío se encuentra dedicado asimismo a la grabación de la serie “Tríos Argentinos” que presentarán en Europa durante la temporada 2014.

COMENTARIOS AL PROGRAMA

El 23 de marzo de 1881 fallecía de tuberculosis en París, a los cuarenta y seis años de edad, Nikolái Rubinstein, uno de los más destacados músicos rusos del siglo XIX. Eximio pianista, compositor y promotor de la vida musical en su patria, hermano menor del también célebre Antón Rubinstein, fue uno de los amigos y consejeros más cercanos que tuviera en vida Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893). Meses más tarde ese mismo año, hallándose instalado en Roma, Tchaikovsky comenzó a trabajar en la creación de una obra ideada como homenaje a su colega y amigo. El que sería su único trío para piano, violín y violonchelo, dedicado entonces “A la memoria de un gran artista”, emergió de su pluma con una monumentalidad cercana a la de sus obras sinfónicas, tanto en lo que hace a su magnitud temporal como a su vocación expansiva y totalizadora.

Precisamente un año antes, la gran confidente y mentora de Tchaikovsky, Nadezhda von Meck, inquiría al compositor al respecto de la razón por la cual nunca se había abocado a esta formación camarística, a lo cual el músico respondió en carta del 15 de noviembre de 1880: “Mis órganos auditivos están hechos de tal suerte que no admiten en absoluto la combinación del piano con un violín o un violonchelo. Para mí los timbres diferentes de estos instrumentos se combaten entre sí y le puedo asegurar que se vuelve para mí una verdadera tortura escuchar un trío o una sonata para violín o violonchelo”. Sin embargo, el 14 de diciembre de 1881, Tchaikovsky asumía el desafío de lograr un diálogo entre medios tan divergentes y realmente difíciles de conjugar equilibradamente, confesando nuevamente por correspondencia a esa mujer a la que nunca conoció personalmente: “No voy a ocultarle a usted el gran esfuerzo de voluntad que requiere poner por escrito mis ideas musicales en esta forma nueva e inusual. Pero estoy dispuesto a superar todas estas dificultades”.

Transcurrido poco más de un mes, el compositor culminaba la obra que fue estrenada en un pequeño concierto realizado en el Conservatorio de Moscú en marzo de 1882, al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Rubinstein, quien fundara y presidiera dicha institución. Esa primera audición en la cual Tchaikovsky no pudo estar presente por hallarse en el exterior, estuvo a cargo del pianista Sergei Taneyev (discípulo de ambos músicos), del violinista checo Jan Hřímalý y del violonchelista Wilhelm Fitzenhagen (el hombre a quien Tchaikovsky había dedicado las Variaciones Rococó y quien las estrenara en 1877 bajo la dirección de Nikolai Rubinstein). El estreno público llegaría un mes después de su publicación, en octubre de ese mismo año, a cargo de los mismos intérpretes para la Sociedad Musical Rusa.

Novedoso en lo que hace a su concepción formal, Tchaikovsky planteó la obra en dos grandes movimientos. El primero de los mismos, Pezzo elegiaco, (Pieza elegíaca), iniciaría toda una tradición de tríos rusos dedicados in memoriam, entre ellos los creados por Sergei Rachmaninoff, Anton Arensky y Dmitri Shostakovich.

Un nostálgico e intenso primer tema a cargo del violonchelo y replicado en diálogo con el violín da inicio a este movimiento enmarcado en forma de un expansivo allegro de sonata (presentación de los temas en una exposición, desarrollo de los mismos y reexposición variada del discurso inicial). El piano asume luego un rol protagónico resaltando el drama y la densidad de este tema para conducir luego a un luminoso y heroico segundo tema a partir del cual los tres instrumentos convergerán en dinámica interacción contrapuntística. Durante el desarrollo Tchaikovsky insistirá en la utilización de esos materiales iniciales tamizándolos a través de diversos cambios texturales alcanzando por momentos a traslucir la sensación de hallarnos frente a una obra orquestal. En efecto, el compositor mismo al dar por culminada la escritura de la obra había manifestado en una nueva misiva a von Meck: “Me temo que, por haber escrito toda mi vida para orquesta y haber arribado tarde a la creación de música de cámara (…) posiblemente haya creado música de carácter sinfónico en la forma de un trío en lugar de escribir directamente pensando para esta formación”.

El segundo movimiento, un magistral Tema con variaciones, transcurre a través de diversos estados anímicos y cual un caleidoscopio musical que atraviesa las más heterogéneas manifestaciones musicales tanto populares como académicas. Concebido cual una sencilla canción y teñido de reminiscencias folklóricas, el tema que da origen a este movimiento es sometido a once variaciones cual si se tratara de un sujeto y las circunstancias de vida que lo transforman pero sin modificar, al fin y al cabo, su esencia.

La escritura para el piano adquiere en este movimiento un despliegue virtuoso superlativo, convirtiéndose en una de las más desafiantes creaciones que Tchaikovsky haya dedicado a este instrumento, aún contemplando sus conciertos para piano y orquesta. En este sentido es digno de señalarse que Nikolai Rubinstein, el hombre que tuvo a su cargo la dirección del estreno de Eugene Onegin, el “gran artista” a quien este trío rinde homenaje, fue uno de los más destacados y refinados pianistas del siglo XIX. En lo que hace a las variaciones la tercera aparece en forma de scherzo con el piano acompañado por las cuerdas en pizzicato mientras que la cuarta destaca por su melancólico e inconfundible color eslavo, y la quinta con una preciosista escritura para el registro agudo del teclado asemeja una cajita de música. Un vals encabezado por el violonchelo varía por sexta vez el tema, en contraste una marcha de carácter triunfal varía por séptima vez el tema inicial mientras que la octava variación presenta una portentosa escritura fugada a tres voces.

Nuevamente cambia abruptamente el carácter al iniciarse la introspectivamente lenta y conmovedora novena variación en la cual las cuerdas utilizan la sordina mientras el piano presenta una escritura arpegiada. Con el tema tratado esta vez en forma de mazurca (danza tradicional polaca) en lo que será la décima variación, Tchaikovsky nos devuelve de la atmósfera taciturna al brillo de la música de salón.

La más imponente de todas será la Variación final y  coda, la cual por su magnitud actúa en verdad como un tercer movimiento de este Trío en La menor, proyectada como réplica y memoria del primer movimiento del mismo. A través de una organización planteada, como aquel, en forma de allegro de sonata, reúne al tema del segundo movimiento con el elegíaco y desolador tema inicial de toda la obra.

Recogimiento y frenesí plasmados en la escritura de un músico que, en la madurez de su carrera testimonia en una obra de cámara que trasciende al género, la grandeza de ese otro gran músico y amigo cuya vida se fue acallando y extinguiendo paulatinamente en el silencio, como el final de este trío.

Claudia Guzmán