ROBERT SCHUMANN (1810-1856): Trío para piano y cuerdas nº 2 en Fa Mayor, Op. 80
El trío n° 2 en Fa mayor fue creado durante 1847, año de intensa actividad en la vida de Schumann y dedicado especialmente, a proyectos que tenían por eje al drama y su puesta en música. Fue así como los dos primeros tríos para violín, violonchelo y piano, de los tres que escribiría, fueron compuestos entre los meses de junio y noviembre de ese año, poco después que Schumann culminara la orquestación de la segunda parte del
Fausto y mientras orientaba todas sus energías al sueño largamente acariciado de componer una ópera:
Genoveva, única obra para la escena de su producción creativa.
Escritos uno inmediatamente después del otro, Los tríos para piano y cuerdas n° 1 en Re menor, Op. 63 y n° 2 en Fa mayor, Op. 80 fueron probablemente ideados como par. El año anterior a la creación de estas obras, había sido Clara Schumann, su mujer, renombrada pianista y talentosa compositora, quien había escrito un Trío para piano, violín y violonchelo, en Sol menor, que lleva el Op. 17. Probablemente dicha obra habría podido ser de inspiración para que Robert Schumann eligiera trabajar con la misma combinación instrumental pocos meses más tarde.
Con la indicación
Sehr lebhaft (muy animado), el primer movimiento está estructurado clásicamente, adoptando la forma sonata, con la consecuente exposición del material, desarrollo del mismo y su recapitulación. Ya desde la presentación del vivaz primer tema, a cargo de las cuerdas, el movimiento plantea un interesante devenir entre modulaciones y soluciones armónicas ciertamente osadas para su tiempo. El segundo tema, que se inicia con delicada línea descendente, proviene del
Liederkreis Op. 39 y, más específicamente corresponde al segundo
lied de dicho ciclo,
Intermezzo, cuyo texto se inicia con las palabras
Dein Bildnis wunderselig (Tu maravillosa y bienaventurada imagen). Este tema y su giro inicial reaparecen distintivamente a lo largo del movimiento hasta la coda final.
Mit innigem Ausdruck (con íntima expresión), como Schumann indica, el segundo movimiento despliega una escritura de gran riqueza en cuanto a desarrollo contrapuntístico y un juego de sutiles pero constantes contrastes rítmicos. De forma ternaria, en el sector central introduce un nuevo y luminoso material.
El
Scherzo, In mässiger Bewegung (en moderado movimiento), durante el cual Schumann utiliza en forma sostenida sucesivas y breves imitaciones, aparece como una miniatura de delicado y exquisito equilibrio de su ya experimentada mano.
Luego de transitar por diversas tonalidades como Re bemol mayor y La mayor, en el segundo movimiento y, Si bemol menor, como tonalidad principal durante el transcurso del tercero, el movimiento final retorna a la tonalidad original del inicio de la obra: Fa mayor.
Nicht zu rasch (no muy rápido), indica Schumann al comienzo de este movimiento durante el cual en cada reaparición, el tema principal es variado, mostrando, a través de dicha metamorfosis, todas sus posibilidades expresivas.
En definitiva, es este trío fruto ya de un oficio maduro y cabal ejemplo del intenso romanticismo de Robert Schumann, a quien conmemoramos este próximo 8 de Junio en el bicentenario de su nacimiento.
Claudia Alejandra Guzmán
DMITRI SHOSTAKOVICH (1906-1975): Trío nº 1 en Do menor, Op. 8
Gracias a su precoz talento musical Dmitri Shostakovich pudo ingresar al Conservatorio de Música de Petrogrado (hoy San Petersburgo) a la temprana edad de trece años. Corría el año 1919 y habían transcurrido ya dos desde la Revolución. El compositor Alexander Glazunov, por ese entonces director de la institución, se interesó personalmente por el joven alumno, convirtiéndose en su consejero y mentor. Fue allí discípulo de Leonid Nikolayev, en piano y de Maximiliam Steinberg, discípulo y yerno de Rimsky-Korsakov, en composición.
Aún en medio de las dificultades y carencias que trajo consigo la guerra civil y, alentado permanentemente por sus maestros, Shostakovich prosiguió sus estudios. Pero las penurias económicas se agravaron en 1922 al fallecer su padre. Fue entonces, con el objetivo de ayudar a sostener a su madre y hermanas, cuando el joven músico comenzó, a la par de continuar sus estudios, a trabajar como pianista de cine.
Para el verano de 1923 su estado de salud se había deteriorado y fue enviado entonces a un sanatorio en Koreiz, al sur de la península de Crimea, sobre la costa del Mar Negro. El mismo Glazunov realizó los arreglos para que el joven Shostakovich, acompañado de una de sus hermanas, pudiera hospedarse allí hasta recuperar sus fuerzas. La recuperación llegó de la mano del primer amor: el compositor conoció a Tatiana Ivanovna Glivenko. Era ella una joven moscovita de su misma edad con quien mantendría luego una relación a la distancia durante los siguientes diez años. Inspirado por sus sentimientos hacia Tatiana, fue allí en Crimea donde Shostakovich comenzó a bosquejar el
Trío para piano, violín y violonchelo en Do menor Op. 8, al que denominó
Poema y dedicó a la joven, culminándolo a su regreso a Petrogrado.
Sería esta obra, escrita a los diecisiete años de edad, su primera creación para esta formación instrumental. La segunda, el
Trío n° 2 en Mi menor Op. 67 del año 1944, sería ya una creación de su madurez profesional y su motivación provendría de una situación muy diferente: el fallecimiento de su mejor amigo, el músico e investigador Iván Sollertinsky. Hacia el final de su vida, Shostakovich elegiría una vez más esta combinación instrumental, con el aditamento de una voz de soprano, al crear durante el año 1967 los
Romances sobre poemas de Alexander Blok, Op. 127.
Retornando al trío de su juventud fue este ideado en un solo movimiento, derivando todos los temas que aparecen en el mismo, del motivo cromático del inicio de la obra. Si bien en el tratamiento textural y tímbrico de los tres instrumentos, el balance de los mismos y en ciertas construcciones rítmicas pueden entreverse algunos de los posteriores desarrollos que Shostakovich realizaría, el lenguaje del trío está aún lejos de las tendencias progresistas que comenzaría a manifestar a partir de obras como la
Primera Sonata para piano, de 1926 o los
Aforismos, para el mismo instrumento y que datan de 1927. Su lenguaje responde aún al post-romanticismo, con sucesivos clímax de gran intensidad, drásticos cambios de velocidad, permanentes contrastes de carácter y dinámica y una multiplicidad de breves secciones que se suceden a lo largo de esta obra de juvenil arrojo.
Teniendo en cuenta las características mencionadas se puede llegar a la conclusión de que su trabajo de ese entonces, improvisando música para las sucesivas escenas del cine mudo, ha sido asimismo de gran influencia en esta obra.
Según testimonio de Zoya, hermana menor del compositor, el trío era ensayado por Shostakovich y dos amigos precisamente en la sala de cine y fue estrenado en el Conservatorio de Petrogrado en el mes de diciembre de ese año 1923. El Trío en Do menor Op. 8 se consideró extraviado durante largos años y el manuscrito fue hallado luego de la muerte de su creador. Sin embargo faltaban en el mismo los últimos veintidós compases de la parte de piano, sección que nunca pudo ser hallada y que fue entonces completada por Boris Tischenko, discípulo de Dmitri Shostakovich.
Claudia Alejandra Guzmán
MAURICE RAVEL (1875-1937) : Trío en La menor
Durante diez años, de 1905 a 1914, Ravel casi no compuso música de cámara. Pero eso no impide que su único
Trío, obra de madurez, resulte la culminación de un gran saber y a la vez de una sorprendente originalidad. En la localidad vasca de San Juan de Luz, en junio de 1914, frente mismo a Ciboure, su ciudad natal, Joseph Maurice Ravel (así fue bautizado el compositor) inició a la vez el
Trío y un
Concierto vasco para piano y orquesta (Zaspiak-Bat) que nunca terminó.
El
Trío consta de cuatro partes independientes. No hay intenciones unificadoras o procedimientos cíclicos. En cambio, las melodías son abundantes y las inicia una canción de aroma vasco y ritmo ambiguo que queda envuelta en acordes de tres notas sumamente aéreos y livianos. En el segundo motivo, luego de una modulación a la tonalidad de Fa mayor, se percibe el ritmo adormecedor y la ingenuidad de la
Pavana de la Bella Durmiente. Violín y violonchelo desarrollan ese tema en tanto el registro grave del piano repite un eco sordo de la tonalidad de La mayor que comenzó la obra. Es soberbio el efecto casi orquestal de las cuerdas que redoblan su melodía con dos octavas de intervalo.
En lugar del
Scherzo, coloca Ravel un
Pantoum, especie de declamación cantada que utiliza Baudelaire en su
Armonía de la tarde, con tres temas (uno con notas repetidas y duros “staccati”, otro casi romántico y el tercero muy decorativo) que a veces chocan y se embisten agresivamente.
La
Pasacalle, tercera parte, es noble, grave y casi solemne en el canto que pasa de la mano izquierda del piano al violonchelo y luego al violín, en una suerte de evocación del estilo majestuoso de Rameau.
El final de la obra presenta una ronda ritmada de modo muy original y decorada con trémolos luminosos, ronda que se interrumpe para que el piano solo entone un canto de triunfo, escoltado por las cuerdas en un trino que otorga a este desenlace un fuerte color pintoresco.
La obra es severa y apasionada a la vez y resuelve magistralmente el problema del equilibrio de los timbres tan opuestos del teclado y las cuerdas.
Napoleón Cabrera (1917- 2009)